miércoles, 14 de marzo de 2018

Reseña: Antihéroes



Título: Antihéroes
Autoras: Iria G. Parente y Selene M. Pascual
Ilustraciones: Kloe De Saga
Páginas: 528
Editorial: Nocturna Ediciones

Sinopsis:

SER HÉROES ERA DEMASIADO ABURRIDO.

Me llamo Yeray Ayala y tengo un secreto. Este libro que tienes entre las manos contiene mi historia, la de otros inadaptados y la clave que nos une a todos: tenemos poderes. Sí, lo sé, vas a pensarte que esto es ficción. Todo el mundo hace lo mismo, porque sois unos aburridos que habéis dejado de creer en la magia.

En cuanto descubrí que podía desaparecer y reaparecer donde quisiera, yo también me dije que era imposible. Después, que era especial. Eso hizo que me aprovechase, claro, y usase mi poder para cosas que no son muy legales... Pero no hablemos de eso. 

Lo importante es que, cuando una organización que se dedica a atrapar a la gente como yo me capturó, descubrí que estaba muy lejos de ser un caso aislado.
CIRCE es esa organización. ¿Su objetivo? Reacondicionar a todos los que usamos nuestros poderes de mala manera. Convertirnos en héroes.

Pero ¿quién quiere ser un héroe pudiendo ser un antihéroe?

Bien, primero ubiquemos.

Narrada a cinco voces (Yeray, Cristian, Esther, Alicia, Mei) en primera persona, estamos en el Madrid del siglo XXI. En el año 2018, sí, este año. Concretamente la trama se empieza a desarrollar en Chamberí, en la estación de metro abandonada que ahora sirve de turismo.

Yeray Ayala, de diecisiete años, tiene la capacidad de teletransporte y la usa para cometer delitos, por lo cual es atrapado por la organización CIRCE para readaptarlo a la sociedad. La prioridad de Yeray es escapar como sea, pero siendo privado de sus poderes, recurre a unirse a otros inadaptados como él, descubriendo que no es el único con poderes, tal y como pensaba hasta el momento.

Esta historia me ha dejado, en una palabra, fascinada.

Fascinada de la visibilización que con estas autoras no parece tener fin cuando lees uno de sus libros, sin importar cual. Digo esto desde la perspectiva que he leído todos los publicados, y sinceramente, este es el que más visibilidad pienso que ha dado hasta la fecha.

Refleja la realidad de la sociedad en ficción. ¿O quizá no tanta ficción? No se sabe. Pero lo que sí se sabe es que sus temas abarcan desde la homosexualidad hasta el bullying, aparecen personajes de todo tipo: bisexuales, lesbianas, gays, género fluido... 

En fin, una gama de LGBT que te hace sentir el orgullo de pertenecer al colectivo, como es mi caso.

Como es usual, también aparecen personajes femeninos fuertes, con ideas feministas que rompen con el estereotipo y creo que se refleja perfectamente en Alicia, una de las voces narradoras.

También se observa la evolución de los personajes, pero sin dejar su esencia y lo que los define. Se puede sentir tan personal, que estoy segura de que más de uno/a se sentiría identificado/a con este libro, porque ¿quién no ha querido volver atrás para arreglar un error? ¿Quién no ha querido huir lejos en un segundo? ¿Quién no ha deseado volar? ¿Quién no se ha sentido amenazado/a por los fantasmas que rondan en nuestras cabezas? ¿Quién no se ha visto obligado/a a seguir la norma pese a que vaya en contra de nuestra voluntad porque creemos que es lo que está bien? ¿Quién no ha deseado ser invisible o poder cambiar de aspecto en un instante?

Todo esto se aprecia en los personajes de Antihéroes, un libro lleno de visibilidad y que puede hacerte reír y al segundo llorar.
Pero, sobre todo, el mensaje que a mí me transmite es el de que no estamos solos/as. Que aunque creamos que somos raros, extraños, dentro de la sociedad hay más como nosotros/as. Más que se sienten igual y se ocultan.

El mensaje que transmite es que no debemos perder lo que somos, por mucho que le pese a la sociedad en la que vivamos.

Por todo esto, no soy capaz de darle un 5 de 5 ★ aunque merezca un 10 por todo lo que este libro aporta a la maravilla de lo que es la literatura.

martes, 20 de febrero de 2018

#Writéroes: Velocidad


Writéroes: Velocidad

Más.

Necesito ser más rápido. Mucho más. Más salto, necesito que mi cuerpo sea más largo. El balón va a caer si no hago algo. Si no soy más rápido. Si no tengo más.

Necesito llegar a ese balón.

Necesito más... velocidad.

Si el balón cae, he perdido. Hemos perdido. Todo por lo que luchamos, todo por lo que soñamos, lo perderemos si dejo que ese balón caiga.

—¡Joder! —maldigo en una fracción de segundo, al ver que no puedo llegar.

Pero tampoco puede caer.

—¡Yeray, sálvala!

La voz de mis compañeros me alienta en ese segundo vital, los coros de los espectadores se callan repentinamente. 

Todos los ojos están sobre mí.

Necesito más.

Más.

Estiro el brazo. Lo veo estirarse frente a mis ojos. Pero el balón está demasiado lejos. No voy a llegar.

Pero tengo que llegar.

Escucho el propio latido de mi corazón detenerse, las respiraciones de mi alrededor parándose, y cierro los ojos. Sé que no llegaré, pero quiero imaginar.
Imaginar que mi brazo toca el balón, que este se eleva. Que por algún milagro se levanta y un compañero mío la coloca para el rematador, que encaja el punto que nos hace tanta falta para que nuestra llama de ilusión siga viva.

Me imagino tocando el balón, la sensación del caucho chocando contra mi puño y elevando esa pelota a la victoria.

Si tan solo pudiera teletransportarme un par de centímetros...

Solo unos centímetros...

Las lágrimas de frustración empiezan a salir, cuando, de repente, mi mano toca algo. Algo... como un balón.

Escucho los vítores y los gritos de asombro mezclados con alegría. Pienso que es la afición de los contrarios, y mi cuerpo choca contra el suelo del gimnasio de manera brusca. En ese momento, lo escucho.
La alegría de mis compañeros.

—¡Así se hace, Yeray, joder! ¡Muy bien, tío! —me felicita el capitán, y le miro de reojo.

Toca el balón.

El balón está en el aire.

Abro la boca con gran asombro. Cómo. Cómo es posible.

No puedo haber llegado. No puedo haber tocado ese balón. No puede ser...

Pero es.

Miro a los rivales. Están tan o más sorprendidos que yo, y no es difícil encajarles el punto en el desconcierto.

—¡Toma ya! ¡Yeray, eres el puto amo! —miro a nuestro líbero, que me tiende la mano mientras el otro equipo sale de su asombro y espera nuestro saque.

—Yo, siempre —río, pero no me sale como siempre.

Acepto su ayuda y me levanto, mirando a mi compañero que se dispone a sacar. Un punto más, y ganamos.

Un punto más, y seguimos en el campeonato.

Solo uno. Y él es nuestro mejor sacador, después de mí, claro.

Como suponía, saca espectacularmente, y los rivales no pueden pararlo. El balón toca el suelo, y yo solo exhalo todo el aire que ni siquiera sabía que estaba reteniendo.

La pelota choca contra el suelo, y al segundo estallamos de alegría. Bueno, mi equipo, yo no. Yo solo puedo mirar al balón y luego volver a mirar mi mano.

—¡Yeray, cabrón, cómo lo haces! ¡Eres un desgraciado! —un brazo moreno me rodea, y miro a Rick con una sonrisa algo forzada—. ¡Tío, me pareció verte desaparecer por un momento! Joder, ¡por ti seguimos en el campeonato!

—No digas... gilipolleces —río algo inseguro.

—¡Yeray, Yeray!

Me levantan en brazos y me llevan a los vestuarios, entre risas y alegría. La entrenadora nos felicita, aún sin poder creérselo ni ella misma.

—¡Chicos, fenomenal! ¡Hemos pasado la primera eliminatoria! No me lo creo aún... —se emociona, y cuando mis compañeros me dejan en el suelo, me mira—. Yeray, si no fuera porque sé que es imposible, juraría que por un momento te teletransportabas.

Río de nuevo y arqueo una ceja.

—Es por mi maravillosa velocidad, ¿sabes? —me jacto, ocultando mi asombro.

Ocultando el miedo a mí mismo.

Sé que no habría podido llegar. Era imposible. No domino las mates, pero sé que no puede ser posible que haya estirado tanto mi brazo sin rompérmelo.

Y no creo en los milagros.

—Hay que arreglar esa modestia, pero ¡ahora hay que celebrar!

Todos gritan a coro, de acuerdo con nuestra entrenadora, y empiezan a dar saltos mientras cantan a coro el famoso "himno" español.

—¡Lolololo! ¡Yeraaaay es el puto campeóoooon!

Me río con ellos y decido no dar más vueltas al asunto.

He llegado, hemos ganado.

Eso es lo importante.

Salut, lectores~

Bueno, se me ha ocurrido esta idea porque VEÍA HAIKYUU Y EL HYPE DE ANTIHÉROES Y YO NO PUDE Y PUES ESO.
Bueno, esto sería el primero. Sería un AU! De Antihéroes como jugadores de Volleyball, y este el de Yeray teletransportándose, obviamente por primera vez.

Como el concurso de Seliria es solo para arte gráfico y no escrito, pues haré estos OS en un hashtag diferente. Será: #Writéroes

En total serán 5 relatos de #Writéroes, incluyendo este: 

1 — Velocidad
2— Tiempo
3— Movimiento
4— Anticipación
5— Ayuda

Si os queréis animar a seguir está iniciativa para pensar cómo los pj descubrieron los poderes, podéis usar el hashtag #Writéroes en Twitter e Instagram, y subir vuestros relatos :3 

Oh, para el concurso también subiré a los Antihéroes like jugadores de Volleyball, concretamente de Haikyuu XD. 

¿Merezco comentario/voto? ¿Disparo? ¿Tartita?

Au revoir~. Nos leeremos pronto~.

jueves, 15 de febrero de 2018

Relato: Feliz San Valentín

Estás en la cocina. El día ya termina, pero todavía no puedes relajarte hasta que estés en tu cama, y un mal presentimiento revuelve tus pensamientos.

Sabes que algo va a pasar.

«¡Goool! ¡Gol del PSG! ¡Ponen el marcador uno a cero!»

Te tensas. Eso es malo. Mejor no salir de la cocina. Te dedicas a lavar los platos y a preparar la comida de mañana. Luego, sin salir de ese espacio tras la puerta de la sala, vas a ducharte para quitar tiempo y ruegas a los jugadores para que empaten el partido.

El agua apaga el sonido de la televisión, pero te alivias cuando escuchas el característico grito de gol del comentarista, esta vez a favor del Real Madrid. Bien, empate.

Cuando terminas, llega ella. Tiene dieciséis años, no sabe nada del dolor y sufrimiento. Ella es feliz, tiene sus miedos, sus defectos, muchas virtudes, y es tu hija al fin y al cabo.

Le sirves su cena y regresas a la cocina. Escuchas que el partido sigue en empate, le oyes maldecir y a la chica reír. Luego, mientras el final del partido se va acercando más y más, pareciendo que va a quedar en empate, escuchas un fuerte golpe.

Silencio.

Pero el silencio dura segundos.

—¡Perdón! ¡Perdón! ¡No lo volveré a hacer! —grita la chica, sollozando.

Asustada, sales de la cocina y corres a la sala. Entonces lo ves, pegándole con fuerza. Ella está tirada en el sofá, intentando defender su rostro como puede y disculpándose entre sollozos fuertes, jurando que no lo volverá a hacer.

Tu hijo pequeño intenta consolarla. Acaricia el rostro de tu hija, lo que tú no eres capaz de hacer. Lo ves hinchado, sus mejillas rojas, sus ojos ardiendo, bañada en lágrimas y te paraliza el miedo.

El niño solo tiene cuatro años. Pero sabe que eso está mal, pero ella le manda callar. Tiene miedo de que reciba lo mismo.

Te sientas a su lado cuando él ha vuelto a sentarse en la silla de la mesa del comedor, volviendo su atención al partido.

—¿Por qué estás así? —le preguntas, y ese es tu error.

Ves como se levanta y te hundes en el sofá con terror. Alzas los brazos para protegerte. Es inútil, él te golpea igualmente. Estás acostumbrada, te dices, pero nunca acabas de acostumbrarte al dolor.

Te deja llorando, tu hijo te consuela con sus pequeños brazos. El partido transcurre, quedan diez minutos. Escuchas el sonido de fondo mientras ves a tu hija mirar la televisión con aire ido, sus ojos brillan de rabia y tienes miedo de que pueda hacer alguna locura. De que se le ocurra contraatacar.

Ves que se levanta, los puños apretados fuertemente. Tienes miedo, pero para tu alivio pasa de largo y se pierde en el pasillo que da a las habitaciones. Escuchas una fuerte pisada en el suelo. Está frustrada, arde en rabia e impotencia, pero no haces nada.

Solo ruegas porque él no lo haya escuchado.

Ella pasa de largo, pijama en mano, directa al baño. Va a ducharse, ya no quiere comer pese a haber dejado más de la mitad de la cena en la mesa.

Cierra la puerta, y tú escuchas un sonido ahogado que quiere decir que se ha esforzado por no dar un portazo. No es tonta, sabe lo que le conviene.

Escuchas unas leves patadas, un canto roto, y sabes que está tratando de descargar su furia contra las toallas. La conoces muy bien.

«¡Goooool del Real Madrid! ¡Le da la vuelta al partido!»

Odias el fútbol.

—¿Nosotras tenemos la culpa de que el Madrid vaya perdiendo? —preguntas al ver que se ha calmado ante el nuevo gol.

Tienes miedo, pero ya no puedes callarte.

—Eres una maldita entrometida.

—¿Por qué estás aquí si no me quieres entonces?

—Quiero mandarlo todo a la mierda, pero por mis hijos no lo hago. ¡Por ellos no lo hago!

—¿Y así es como los quieres? ¿Pegándoles?

Se calla. Seguramente, no quiere arriesgarse a que le denuncies, pese a que sabe que no lo harás. Eres débil, y lo sabes. Pero ellos necesitan un padre, y tu pequeño le adora.

Escuchas la ducha, tu hija se está duchando. La has visto no poder tocar nada con su índice de la derecha, y movía su hombro con dolor. No sabes si le han quedado moretones. Esperas que, por lo menos, no le haya quedado nada en su cara.

«¡Goooool del Real Madrid! ¡Sentencia el partido! ¡Tres a uno! ¡El vigente campeón se alza!»

El partido sigue durante tres minutos de descuento, en los que decides irte a dormir. No quieres verle más, sabes que no irá a la cama, se quedará en el sofá.

Palabras y recuerdos resuenan en tu mente. Sin embargo, la misma te juega una mala pasada, repitiendo la misma frase cada rato, como campanas que no paran de sonar.

Tu propia mente se burla de ti.

«Feliz San Valentín»

martes, 13 de febrero de 2018

Reseña: Warcross


Salut, lectores~. Os traigo mi segunda reseña.



Título: Warcross
Autora: Marie Lu
Editorial: Nocturna
Traducción: Noemí Risco Mateo
Páginas: 426

Bien, primero ubiquemos:

Estamos en un Nueva York futurista, donde nuestra protagonista, Emika Chen, es una hacker cazarecompensas que se busca la vida para pagar su alquiler y, básicamente, comer, tras la muerte de su endeudado padre.

Este mundo está sumamente influenciado por Warcross, un videojuego de realidad virtual que es tan famoso como en nuestra actualidad el fútbol. Emika admira a Hideo Tanaka, creador jovencísimo y multimillonario del famoso videojuego.
Cuando Emika, desesperada, decide robar uno de los valiosos potenciadores en el torneo oficial de Warcross para pagar sus deudas, no se imagina que ese sería el inicio de una gran aventura que cambiará su forma de vida para siempre.

Me ha parecido... aceptable.

Si habéis leído el libro, entenderéis por qué lo digo. Y cuando os lo leáis, volved a leer esta reseña y os seguro que lo entenderéis ;)

Definitivamente, es una trama original, muy visual, algo que me ha gustado y destaco es que es LGBT friendly, pues hay una clara pareja homosexual. Al igual que los personajes no son blancos ni negros, sino grises, y casi al final da un giro sorprendente, aunque algunas cosas te las esperas y otras que te dejan boquiabierta.

Algo que podría reseñar, y que hace que este libro no sea 5 de 5 estrellas, es el romance. Me pareció bastante forzado, considero que podría haber dejado transcurrir un poco más de tiempo.

En general, me ha encantado, y espero muy ansiosa el segundo y último libro de la trama. Por lo dicho, le doy 4 de 5 ★, pero lo recomiendo bastante a quien le guste la ciencia ficción.

Y recordad: «Todo es ciencia ficción hasta que alguien lo convierte en ciencia real».

Próxima reseña: Sólo tú me conoces, Nina LaCour y David Levithan.

lunes, 5 de febrero de 2018

Reseña: La Ciudad de Las Sombras


Buenas, lectores :3

Os traigo mi primera reseña: La ciudad de las sombras de Victoria Álvarez. 



Nombre: La ciudad de las sombras (Helena Lennox #1)

Autora: Victoria Álvarez
Editorial: Nocturna Ediciones
Páginas: 466

Bien, empecemos con una breve introducción a la historia.

Empezamos con un relato en primera persona donde la protagonista se ubica en El Cairo, Egipto. Rondan los años 80, y Helena, nuestra protagonista, le narra a una mujer que va a hacer su biografía sus desventuras hasta llegar donde está.

Esto nos lleva a los años 20 en el Londres que Helena tanto detesta. Acaba de volver con sus padres de Egipto, a donde desea volver. Es una joven de diecisiete años que le gustan las aventuras tanto como a sus padres, y cuando estos deciden dejarla de lado en un viaje a la India en búsqueda de dos arqueólogos desaparecidos en Bhangarh, una ciudad abandonada donde todos los que pisan su castillo después del anochecer desaparece, dejándola a cargo de su tío Oliver y queriendo enviarla a Suiza, ella opta por escaparse y viajar por su cuenta a la India, pese a las advertencias de lo peligroso del viaje.

Esta sería la primera entrega de una trilogía que cobra el nombre de la protagonista: Helena Lennox.

La ciudad de las sombras nos lleva a una exótica India en la cual se distinguen la influencia inglesa en el país, se aprecia el sistema de castas, y donde hay muchos secretos por descubrir.

Me ha encantado este libro por varias razones, pero una de las principales es la personalidad de Helena: rebelde, atrevida, y con una lengua muy afilada. Glotona, traviesa, divertida... es todo lo que uno no se espera de una muchacha de los años 20, y considero que es algo necesario en los libros, una mujer que sea independiente, atrevida, y que nos enseñe que podemos hacer lo mismo que un hombre.

También me gusta la relación de sus padres, y es algo novedoso, pues no me suelen interesar en sí los padres o bien porque no aparecen, o bien porque son muy secundarios. Le da un toque realista que viene bien a un libro así de fantástico. Estoy deseando leer la trilogía de Dreaming Spires, pues habla de la historia centrada únicamente en ellos.

Además, las descripciones de la autora son espectaculares, como si pudieses imaginarte las escenas tal y como si las vieras en una pantalla. Las ilustraciones son, sencillamente, hermosas, y te ubican en el libro y en su ambientación.

He tenido la suerte de hablar con la autora hacer poco, y es que dedica años enteros a la documentación del libro, más de lo que tarda en escribirlo, y ese trabajo se ve muy bien reflejado en la escritura.

Por sacar algún fallo, toda la acción transcurre en pocos días, lo cual pese a que se hace una acción rápida y dinámica, también da la sensación de que va todo demasiado deprisa.

En conclusión, pienso que es un libro muy recomendado a los amantes del misterio, de la arqueología, de la historia y, sobre todo, de la literatura juvenil. Le doy un 5 de 5, porque es uno de los libros que más me han gustado durante lo que llevo de 2018.

¿Y vosotros? ¿Cuáles me recomendáis para seguir el año?

Próxima reseña: Warcross, de Marie Lu.