martes, 27 de marzo de 2018

#Origireto2018: Marzo #2


¿Quién me mandará a mí…?

Me miro en el espejo mientras tapo con un gorro mi cabeza. Así no se nota mucho la diferencia… ¿verdad? Giro mi cuerpo para ver cómo me queda desde distintos ángulos. No está tan mal.

Suspiro mientras guardo la agenda en la mochila, tras súplicas a mi madre para que me firme una autorización en la que diga que puedo estar con gorro en clase. En el entrenamiento sé que no me libraré, pero por lo menos me quiero ahorrar la vergüenza unas horas.

Salgo de casa y, como siempre, me está esperando.

—Hey —saludo alegre, pasando un brazo por sus hombros como de costumbre.

Arquea una ceja al verme.

—¿Desde cuándo vas de hippie? —es su primer comentario, que me hace reír. Es cierto que me da un aire, pero no esperaba que fuera tan directo.

De qué me sorprendo, si es el tipo más directo que conozco.

—No voy de hippie, estoy resfriado —me excuso.

No se lo cree, lo veo en sus ojos, igual que tampoco se cree que mi bajada de peso es por los exámenes. Es mi mejor amigo después de todo, me conoce tan bien como yo a él.

—Ajá. ¿La verdad?

—No solo los enanos se resfrían, ¿sabes?

Pésimo cambio de tema. Me lo dice sin necesidad de abrir la boca.

—A ver, cabeza hueca, te conozco más tiempo del que quisiera. Estoy contigo todo el maldito día. ¿Esperas que crea que te has resfriado cuando no te he oído ni estornudar una vez?

Buen punto. Toso un poco, pero no cuela. Me adelanto y me pongo frente a él, parándole.

—Prométeme que no te reirás —le señalo a modo de advertencia. Él arquea las cejas, pero asiente.

Me quito el gorro y evito mirarle. Hay silencio por unos segundos, y es entonces cuando me atrevo a verle.

Se está tapando la boca para no reír. Será…

—¡Te dije que no te rías!

No aguanta más y explota en carcajadas, como un volcán en erupción.

—¿¡Qué cojones te has…?! ¡Dios, es…!

Si no fuera por el golpe que le doy en el hombro, seguramente se tiraría horas riéndose.

—Luego el infantil soy yo.

—Tío, es... ¿Cómo se te ocurrió cortarte el pelo así?

La razón es aún más avergonzante, y paso de decírsela. Estaría metiéndose conmigo tanto como yo me meto con su altura. Y mola picarle, pero que me la devuelva ya no es tan guay.

—Quería un cambio de look, ¿vale?

—Yo no seré el gurú de la moda, pero… —contiene la risa de nuevo, tapándose la boca.

—Cállate —miro a otro lado, indignado.

Sé que me queda fatal. Cuando lo pensé, no parecía tan mala idea, pero cuando me vi en el espejo de la peluquería entendí por qué el peluquero había tenido sus dudas.

—Parece que una vaca te ha lamido la cabeza. En serio, es… —se ríe, y yo suspiro.

Con lo bonitos que eran mis rizos… Dios, ¿qué me he hecho?

—Deja de meterte con mi peinado. No es que tú tengas el best, ¿sabes, enano?

—Lo haré, cuando dejes de meterte con mi altura —sonríe con cierta prepotencia. Le encanta.

Sin embargo, de repente, su expresión cambia a una seria.

—¿Qué pasa? —pregunto ante la inesperada mirada que me dedica, una que indica que ya no se está burlando como hace segundos.

—Estás haciendo cosas muy extrañas últimamente —señala—. ¿Qué se supone que te pasa? Bajas de peso, te cortas el pelo ridículamente aún cuando eres el primero en pavonearte de tu belleza. ¿Qué cojones pasa por esa cabeza unineuronal?

No me gusta por dónde va. Por eso mismo le he dado largas toda la semana, aunque sabía que era inevitable que esto pasase.

—Nada.

Oh, qué respuesta tan inteligente. ¿En serio no podía pensar algo mejor?

—Mira, no vamos a movernos hasta que desembuches. Primero, ya sé que no has dormido bien y, cuando no duermes, te pones a usar tu única neurona para tonterías. ¿Así llegaste a cortarte el pelo?

—En realidad… —no sé si decírselo. Se va a reír de mí, lo sé—. Ayer estaba… bueno, leyendo y…

—No estabas leyendo esas revistas. Dime que no.

Desvío la mirada. Nunca le ha gustado que lea las revistas de mamá, dice que solo tienen idioteces.

—En realidad, era el horóscopo.

Suspira. Sabe por dónde voy.

—¿Y el horóscopo para cáncer decía que debías hacer una estupidez con el pelo?

—Decía que debía observar mejor a mis rivales. Y es lo que hice.

—Vamos, que te has tirado toda la semana trasnochando por ver todos los partidos que tienes guardados.

 —Básicamente, y me he dado cuenta de una cosa.

—¿De tu estupidez?

—No. Vi que esos dos genios de pacotilla tienen un peinado parecido... y pensé que quizá por eso no podíamos ganarles…

En serio, ahora que me doy cuenta es algo muy tonto. Pero en ese momento me pareció la idea más brillante del universo.

—No hablas en serio —asiento para confirmar que estoy hablando totalmente en serio—. ¿Por eso no me esperaste ayer? ¿Por irte corriendo a la peluquería a hacerte… eso?

Señala mi pelo, y yo me apresuro a esconderlo de nuevo bajo el gorro.

—Básicamente… sí.

—Y tu bajada de peso se debe a que, como eres tan sumamente idiota, te has estado saltando las cenas para irte a entrenar solo como la otra vez, ¿no?

Asiento, sabiendo que es inútil negarlo. De hecho, me sorprende que haya tardado tanto en darse cuenta, pese a mis esfuerzos por ocultárselo. La última vez me dio un buen golpe por irme a entrenar por mi cuenta, y aún me duele solo de pensarlo. Sin embargo, no puedo simplemente quedarme sentado mientras veo que puedo hacer más.

Esta vez no me golpea. Solo me da una palmada amistosa en la espalda, casi como un abrazo, y suspira.

—Tengo que controlarte más que antes, por lo que se ve —dice, poniendo las manos en los bolsillos—. Vas a recuperar tu peso, y no te vas a librar de mis burlas por tu estúpido peinado, que lo sepas, idiota.

Parpadeo un par de veces, sorprendido por su reacción tan calmada, y sonrío.

—Así me quieres.

Cuando se ríe pienso que, definitivamente, tengo el mejor amigo del mundo.

 Salut, lectores :3

Aquí dejo mi reto de Marzo 2, porque he hincado los codos y me he puesto a 100
Dejando mi vagancia de lado, este sería el reto 22: Relata una situación en la que alguien se vea obligado a cortarse el pelo por algo fuera de lo corriente.

Bueno, he intentado hacerlo lo mejor que he podido pero no sé si me ha salido muy bien. Sería como la "continuación" del reto de Marzo #1

Dejo enlaces del reto aquí:

http://plumakatty.blogspot.com.es/2017/12/origireto-creativo-2018-juguemos.html#gpluscomments

http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com.es/2017/12/reto-de-escritura-2018-origireto.html

Podéis buscar la información de este reto en esos enlaces o en Twitter, con el hashtag #OrigiReto2018 con las organizadoras @Stiby2 y @MUSAJUE

Au revoir! Nos leeremos pronto!

lunes, 26 de marzo de 2018

#Origireto2018: Marzo #1


Un metro con setenta y nueve coma tres centímetros.

1.79,3

Cuatro números que me tienen de cabeza.  

Para una persona normal, esa altura es una estatura más que suficiente considerando que la media llega a los 1.70 con suerte. Pero para mí no lo es. Sobre todo, considerando que el desgraciado que tengo por mejor amigo es una maldita jirafa de 1.84,3. Y teniendo en cuenta también que al maldito le fascina regodearse de eso.

—¿Qué? ¿Aún sin llegar al metro ochenta? —sonríe alegre, burlándose en mi maldita cara.

Es una pregunta retórica, claramente. Estoy seguro de que ha pegado la oreja a la puerta mientras me hacían la revisión médica, su naturaleza de cotilla es así desde que nació. Tiene un gen en su ADN que le obliga a cotillear acerca de todo.

—Cállate. 

Levanta la cabeza con altanería, sus cabellos castaños sacudiéndose ligeramente ante el movimiento y haciéndole parecer más alto de lo que ya de por sí es.

El muy maldito.

—No hace falta que te enfades por eso, siempre has sido el más enano de los dos. Pensaba que lo tenías asu…

Le doy un codazo en todas las costillas. Sabe que se lo ha ganado a fuerza, pero igualmente se atreve a quejarse.

—Venga, no te cabrees por eso —pasa un brazo por mis hombros cuando echamos a andar—. Mientras puedas saltar, sirve. Ya eres la estrella del equipo, ¿qué más da unos centímetros más o menos? Cuando te deprimas por eso, recuerda al Pulgarcito y verás como te alegras.

Le dedico mi mejor mirada de “vete a la real mierda”, pero son demasiados años y ya se ha acostumbrado a todas las miradas y golpes que le doy. Es prácticamente inmune.

En realidad, tiene cierto punto de razón. Ese niño (Pulgarcito, es el apodo que le ha puesto ese idiota) no llega al metro sesenta ni de broma, de eso estoy seguro. Pero salta que no veas. Ya nos ha ganado dos partidos con su enanez, no hay que subestimarlo.

—¿Estás tratando de animarme, o es que quieres que te dé otra hostia?

—Tan irascible… —canturrea con su sonrisita alegre, dándome unas palmaditas en el hombro que me irritan aún más—. Aunque no llegues al metro ochenta, seguiré dándote pases igual, no te preocupes.

Pongo los ojos en blanco mientras le doy otro codazo. Se los gana a pulso. Pese al tiempo, sigue siendo ese niño pequeño que le encanta picar a los demás. Y yo siempre he sido su objetivo número uno, sin duda alguna.

—¿Sabes? Puedes irte un poquito a la mierda, o si quieres te mando yo con mucho gusto. Elige.

—Eres tan cruel con tu mejor amigo —hace un puchero—. Parece que no me soportas.

—No es que lo parezca —aclaro—, es que no te soporto.

—¡Eres cruel! —lloriquea. Estoy tan acostumbrado a sus pucheros que ya me los sé de memoria. Cosas que tienen ser mejores amigos desde críos—. ¡Y yo que pensaba regalarte por tu cumpleaños una guía de crecimiento!

Le creo. No es la primera vez que lo hace. Ya me ha regalado el libro de Germán Álvarez, titulado “Más estatura”. Luego me regaló una camiseta de Godzilla como compensación por la broma. Lo peor es que he llegado a leer el maldito libro y no he crecido ni un solo centímetro.

Pero antes muerto que admitirle a ese imbécil que me he leído su estúpido libro. Se burlaría de mí por el resto de la eternidad e incluso en el Más Allá.

—Te metes tu regalo por donde te quepa, idiota.

—Eh, venga, va, esta vez te daré el de “La guía definitiva para crecer de estatura”. ¿Te parece?
Tercer codazo, y no será el último.

—¡Oye, que ahora tenemos entrenamiento! —se queja, acariciándose el torso con la mano que no tiene sobre mi hombro. El desgraciado incluso camina con la espalda ligeramente arqueada para hacerme sentir más pequeño.

Si piensa que se lo voy a admitir, va listo. Nunca me he infravalorado ante él por nada, y son demasiados años asumiendo que no puedo crecer más que el maldito uno setenta y nueve con tres. Él también lo sabe, pero le encanta picarme. Siempre le gusta llevar a sus límites a los demás.

En serio, ¿cómo soy amigo de este idiota?

—Habértelo pensado antes de meterte conmigo.

—Vamos, pero si así me quieres —¿qué le golpeo esta vez? La rodilla es tentadora, pero la que está a mi lado es la que tiene mal y no quiero hacerle tanto daño, pero si estiro la pierna hasta la otra, podemos acabar tropezando. Nada, pues otro codazo—. ¡Oye, otra vez no!

—Agradece que solo sean codazos y no estampe tu cara contra la pared.

—Abusas de mi hermosa personalidad. Debería denunciarte por maltrato.

—No sé a qué estás esperando.

—Te quiero mucho para denunciarte —se pone la mano libre en el pecho.

—Dramático —ruedo los ojos.

Entramos en el gimnasio, y ambos nos dirigimos al entrenador para entregarle los papeles de la revisión médica. Frunce el ceño al ver los resultados de mi mejor amigo idiota. Ya sé lo que le va a decir incluso antes de que abra la boca. Para algunos habrá pasado desapercibido, pero yo he notado la considerable bajada de peso que ha sufrido durante la semana, aunque no ha querido soltar prenda por mucho que le insistí.

Como suponía, se lo pregunta directamente. Sin rodeos.

—Es solo que no he tenido hambre estos días —se excusa, retirando el brazo de mis hombros para ponerlo detrás del cuello—. Muchos exámenes. Más preocupante es la falta de crecimiento de este niño —me revuelve el pelo y le miro cabreado.

Aparte de que miente, no puede dejar de meterse con mi altura ni aún para inventarse un mejor desvío de tema.

Idiota.

—Espero que en la siguiente revisión recuperes todos esos kilos que has perdido —advierte el entrenador, y luego me mira—. Te lo encargo.

Asiento. Estoy muy acostumbrado a que me dejen al cuidado de ese niño de metro ochenta. Desde críos ha sido así, no tenía por qué cambiar en la adolescencia, pese a lo mucho que podamos crecer.

Le veo alejarse para reunirse con los demás. Suspiro.

La inteligencia no crece con el cuerpo.

Salut, lectores :3

Bueno, llego con el primer reto de Marzo que me he saltado mi línea porque no tenía inspi para el reto que me propuse de este mes. Lo de las redes sociales es ciertamente difícil, así que lo dejo para más tarde.

Este es el reto #8 del #Origireto2018:
Escribe una historia en la que el protagonista esté obsesionado con algo relacionado con su altura.

Así que esta es la historia :3 La pegatina la pondré al final del reto 2 de Marzo, y podéis encontrar las bases del reto en el primer reto de Enero de este blog o en Twitter, como @Stiby2 y @MUSAJUE a las organizadoras.

¿Merezco comentario/voto? ¿Disparo? ¿Tartita?

Au revoir! Nos leeremos pronto :3