viernes, 6 de julio de 2018

#Origireto2018: Julio #1


Restregó con fuerza el jabón contra su cuello, tanta que incluso llegó a hacerse daño a sí misma con las uñas. Contuvo un sollozo y agitó la cabeza.

Sin embargo, al cerrar los ojos, veía a aquel hombre de nuevo y sus peores pesadillas se volvían realidad en el tiempo en el que la luz no entraba en su retina.

Los abrió de inmediato y dejó que el agua se llevase todos sus miedos. Trató de no pensar, pero mientras más intentaba, más recordaba.

No le gustaba recordar.

Se suponía que ya lo había superado, y así era. Habían pasado seis meses desde ello, y casi no había pensado tanto gracias a Hana.

Sobre todo por Hana.

No sabría qué sería de ella si Hana no estuviera.

Sonrió al pensar en sus ojos verdes mirándola con esa dulzura. Con ese amor. Ese amor que la había sacado de la más profunda oscuridad.

Acarició su, aún creciente, estómago mientras se secaba con la otra mano los cortos cabellos castaños y se miró en el espejo.

Quizá el recuerdo de aquella noche volviese de nuevo por esa noticia.

La noticia de que su bebé iba a ser un niño.
No era que le dejase de querer menos por ser un chico. Nada que ver. Sólo que su experiencia con el género masculino no había sido precisamente la mejor.

Además, sabiendo la genética de ese bebé que esperaba, ¿y si salía igual a su padre? ¿Y si no le criaba bien, y se convertía en un ser despreciable?

La sola idea de ver a su hijo tras las rejas por un delito tan deporable como una violación le estrujaba el corazón. O peor. ¿Y si llegaba a ser un asesino violador?

A ese hombre poco le faltó para matarla. Tuvo suerte de que alguien acudiese a su rescate, tarde, pero pudo ayudarla a que no la callase para siempre.

Nunca olvidaría los detalles, ni esa cara. Tampoco olvidaría el abandono de su familia, su desprecio, y la ayuda de Hana, sobre todo esos primeros días que no quería que nadie la tocase, ni siquiera ella.

El recuerdo de esa fatídica noche estaba en su vientre, y aunque le había costado aceptarlo, ese bebé seguía siendo su sangre y ella lo quería. De veras que sí. Pero tenía miedo de que la genética se heredara tan fatalmente que su pequeño acabase volviéndose como su "padre".

—¡Cariño, estoy en casa! He tardado en encontrar una pastelería abierta a estas horas, pero conseguí tu pastel...

Hana calló al verla, y soltó la bolsa de la pastelería en el suelo, acudiendo a ver a su mujer, que estaba en el suelo de la habitación, con las rodillas contra su pecho y sus brazos rodeando su estómago.

Las lágrimas habían empezado a correr por el rostro de Tara, y Hana las limpió con preocupación.

—Tara, cariño, ¿qué pasa? ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Quieres que vayamos al hospital...?

—No, no, estoy bien... En serio, Hana...

—No estás bien. La Tara que está bien sonreiría —acarició su mejilla—. Sabes que puedes confiar en mí, cariño.

Hana levantó su mano izquierda y señaló su anillo para añadir:

—Después de todo, estamos casadas, y eso es para las buenas y malas, y eso incluye soportar tus berrinches.

Tara rió un poco. Hana siempre lograba hacerla reír.

—Es que... Hana, tengo miedo —confesó—. De verdad, no sé qué haré si el bebé se convierte en un violador. O un asesino. O un asesino violador. O... —suspiró, agotada—. Tengo miedo de que sea como.... Él.

Hana sonrió comprensiva.

—Tara, Tara... ¿Por qué piensas tanto, tonta? —le dio un leve golpe en la cabeza—. Escucha. La personalidad no es hereditaria. Ese hombre y el niño no comparten más que el ADN. La crianza del niño dará como resultado su personalidad, y te aseguro que va a tener la mejor infancia.

—Pero... Ese hombre está en la calle, Hana. ¿Y si se entera y lo reclama? ¿Y si quiere derechos? ¿Y si tengo que volver a verle...?

Hana apretó los dientes ante el recordatorio de la libertad de ese hombre.

—No lo hará, Tara. Lo vamos a registrar a nombre de las dos. Me da igual si tengo que enfrentarme a toda la policía o a medio país —puso las manos en sus hombros—. Estarás bien. Y el bebé también. Sobre mi cadáver que ese tipo se va a acercar a ti de nuevo.

Tara la abrazó con fuerza, aferrándose a su piel canela y aspirando el aroma a menta de sus oscuros cabellos.

—Hana, te quiero tanto... —sonrió entre lágrimas—. Pero... ¿Y si no le crío bien? ¿Y si sale psicópata? ¿Y si...?

—¿Y si dejas de pensar así? —Tara sintió sus cabellos siendo acariciados—. No le vas a criar bien. Le vamos a criar bien.

Tara lloró con más fuerza ante sus palabras y rompió el abrazo para mirar esos ojos verdes como esmeraldas.

Verde como la esperanza que ella le daba.

—¿Por qué eres así, Hana? —rió entre sollozos—. ¿Qué sería yo sin ti?

—La chica más guapa del planeta pero menos consentida —sonrió divertida—. Y la más cabezota también.

—Así te enamoraste de mí.

—Cómo negártelo. Cometí el fatal error de decírtelo y así estoy ahora, siendo la más feliz del mundo.

Tara rió, y sus problemas pasaron a segundo plano cuando Hana le dio un beso tan dulce que sintió derretirse en él.

—Te quiero, y a nuestro hijo también.

Esas eran las palabras que Tara necesitaba escuchar de su esposa. Sabía que no había sido fácil para ella asumir que iba a tener que criar a un bebé que no habían elegido, que parte de él sería de un indeseable, pero Hana respetó su decisión de no abortar y la apoyó.

Siempre la había apoyado.

—Bien, señorita, ahora tienes que comer un pastel de chocolate.

Hana la ayudó a levantarse, y la llevó a la mesa del comedor mientras recogía la bolsa con el pastel.

—Nate —dijo Tara de repente.

—¿Qué?

—El niño se llamará Nate.

—¿Por?

—Es una combinación de nuestros nombres. Ha-na, Ta-ra —silabeó.

Hana sonrió mientras sacaba el pastel de la bolsa.

—Nate será entonces.

Tara sonrió mientras la miraba cortando la tarta.

Nate y Hana eran todo lo que necesitaba en su vida.


Hey-o!

Cómo estáis. Yo aquí de heterosexual por la vida 0 como se nota XD. Y bueno, pues también indignada con la justicia como se puede comprobar.

Este sería el reto 23: relata los pensamientos de una embarazada con miedo de que su hijo salga violador o psicopata.

Lo hice.muy fluffy porque quiero que entre en el anual de Romance 7u7

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Comentad y nos leeremos!


viernes, 29 de junio de 2018

#OrigiReto2018: Junio #2

Sigilosamente, se infiltró en el interior de la habitación, linterna en mano y el corazón en un puño.

Estaba oscuro, como era de esperar. La oscuridad le daba miedo, a pesar del tiempo que había transcurrido, seguía con ese temor que no parecía abandonar su corazón.

La oscuridad estuvo en su vida más tiempo del que hubiese deseado, y había aprendido a odiarla.

Decidió dejar de pensar en ello, con una leve sacudida de cabeza.

Después de todo, la oscuridad sería aplacada cuando encendiera la linterna, el rayo de luz iluminando un armario de madera. Escuchó un ruido y se alarmó, apagando de inmediato la linterna. Dejó que pasaran algunos minutos, agazapada en el suelo. Se permitió suspirar de alivio transcurrido un tiempo.

Sólo había sido una falsa alarma.

Encendió de nuevo la linterna, alumbrando el mismo armario, y con sigilo se aproximó a este. Apretó los dientes cuando la puerta chirrió, debido a lo oxidados que estaban sus enganches, pero no pareció alertarle.

Suspiró de nuevo con alivio, y centró su atención al armario, rebuscando entre la ropa. No encontraba lo que quería, y se arriesgaba a despertarles.

A lo mejor estaba en la mesilla de noche. O quizá lo había guardado en la cocina. Tal vez, en el baúl de la esquina.

Suspiró por tercera vez, esta vez de cansancio. A ese paso tendría que registrar toda la casa. Sin embargo, una sonrisa surcó su rostro al pensar en la razón por la cual hacía todo eso.

No podía rendirse.

Inhaló aire y, con cautela, cerró el armario. Se agachó de nuevo y enfocó la linterna al lado de la cama, donde la mesilla de noche color caoba estaba esperándola con los brazos abiertos.

Se acercó con cuidado de no hacer chirriar los tablones del suelo —ya le había pasado antes, y lo que menos quería era despertarles—. Con suerte, pudo llegar al velador sin mayor problema. Sin embargo, en ninguno de los dos cajones estaba lo que buscaba.

Bufó, levantando ligeramente los cabellos castaños que le caían en la cara. A ese paso, se tiraría ahí todo el día. Y no tenía tanto tiempo.

Sin más remedio, alumbró hacia otro lado. Descubrió entonces la cómoda que estaba opuesta a la cama, y sonrió. Seguro que estaba ahí.

Se irguió todo lo silenciosamente que podía con ese suelo que chirriaba a cada rato, y se acercó a la cómoda. Abrió el tercer cajón, que era el que tenía más a mano, y empezó a inspeccionar.

—Cerillas, tijeras, medias... —susurró para sí, apartando todo pues no era lo que buscaba.

De repente, la linterna empezó a parpadear, y se alarmó. Segundos después, el parpadeo se volvió oscuridad, y quedó sumida en la más profunda negrura de nuevo.

Su primer instinto fue gritar, pero se puso las manos en la boca para impedirlo. Si lo hacía, les despertaría.

Odiaba la oscuridad. Le hacía recordar.

Y no le gustaba recordar.

Tanteó el cajón en busca de las cerillas. No le gustaba la opción, pues su cabeza aún conservaba la imagen del fuego, invadiendo todo, rodeándola con su calor y su peligroso color naranja, pero no tenía otra opción.

Prefería mucho más el fuego que la oscuridad.

Porque la oscuridad le recordaba a ese hombre y las dolorosas noches que jamás se atrevería a contar, y el fuego le había librado de aquella tortura que duró demasiados años.

Encontró la caja y, a tientas, logró encender una cerilla. El fuego brilló en sus ojos verdes, y quedó absorta por un momento en este.

Todo había empezado y terminado, hacía dos años, con eso.

Con una simple cerilla.

Dirigió la luz de nuevo al cajón, y sus iris verdes se encendieron como estrellas al divisar lo que tanto había estado buscando.

Sabía que tenía que estar por ahí. Sonrió de oreja a oreja al conseguir su objetivo y apagó la cerilla, casi consumida en su totalidad, de un soplido. Parecía que el fuego le traía suerte.

Cerró el cajón tras tomar su preciado objeto, haciendo una mueca al ver que había hecho demasiado ruido por la emoción.

Uno de los cuerpos que abultaban bajo las mantas se removió, pero no dio signos de levantarse. Suspiró de alivio y caminó de puntillas hacia la entreabierta puerta.

Sólo un poco más...

Estiró la mano para alcanzar el pomo de la puerta, cuando entonces, sucedió.

Su pie pateó algo que parecía ser de cristal, porque se estrelló contra la pared y el sonido de algo rompiéndose en mil pedazos resonó en toda la habitación.

Oh, oh.

Las luces entonces se encendieron, y la mujer se sentó en la cama como un resorte, y un par de ojos castaños le miraron con espanto.

—¿¡Qué demonios...?! ¿¡Nat?!

Una sonrisa entre traviesa y culpable surcó su rostro.

—¿Hola...?

Antes de que pudiera decir nada, la otra mujer, que aún seguía acostada, empezó a removerse.

—Cariño, ¿qué es todo este ruido...?

Lentamente, se incorporó hasta quedar sentada como su pareja, y miró a la chica con ojos verdes curiosos.

—¿Nat? ¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí a las...? —miró el reloj digital de su muñeca—. ¿Siete y media?

—Buenos días, supongo —rió con algo de nerviosismo.

Su madre le miró con sus castaños ojos enfadados.

—Nat, responde.

La chica rodó los ojos y levantó la mano, enseñando el pegamento que tenía.

—Se me acabó el pegamento y necesitaba más. Me acordé que te llevaste una barra a la habitación y vine a buscarla.

—¿Por qué no nos despertaste? —Mel se restregó uno de sus verdes ojos con una mano, y rodeó los hombros de su novia con el otro brazo.

—Es que era para daros una sorpresa, pero todo se arruinó por ese vaso —la muchacha infló las mejillas.

—Mel, es tu culpa —Mel miró divertida a su pareja.

—¿Perdón? Tú fuiste la de la leche por la noche, Tara.

—Ya, ahora acúsame.

Las tres rieron ante el juego, y minutos después, Tara suspiró, recogiéndose el cabello castaño con un coletero que tenía siempre en la muñeca.

—Nat, trae la escoba y recoge eso. Mel, por favor, ve a ver qué se está quemando en la cocina.

Nat abrió los ojos como platos.

—¡El pastel!

Tara vio cómo Mel y Nat corrían a la cocina, y sonrió.

Esa era su familia.

Hey-o!

¿Cómo estamos? Aquí os dejo el reto numero 14: Relata un hecho cotidiano como si fuera una hazaña epica o un crimen.

No sé si se nota que está relacionado con el otro pero si tenéis preguntas encantada de contestaros :3

Ala. Pues aquí lo tenéis.


Espero que os haya gustado este :3

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Hasta otra

jueves, 21 de junio de 2018

#Origireto2018: Junio #1

¿Sabes lo que es el calor?

Bueno, vale, es una pregunta absurda. Seguro que no, ¿cómo vas a saberlo tú?

Te lo explicaré para que te hagas una idea.

Es una sensación que recorre todo el cuerpo, sobre todo estos días de verano en los que el sol te machaca con sus rayos y te hace sudar lo indecible. Te hace desear un buen chapuzón, una ducha muy fría, un vaso con hielo. Te hace buscar un lugar oscuro donde refugiarte del sol.

Esa es la teoría. Pero, ¿y si no pudieses escapar del calor?

¿Y si te consumiese hasta que te quedes sin oxígeno de tanto gritar?

Seguramente sea una muerte horrible, ser quemado, ardiendo hasta que no queden de ti más que cenizas. ¿Peor que morir ahogado? No lo sé, y quizá nunca lo sepa. Bueno, quizá no, nunca.

Ahora imagina ser yo.

Ser chispas y llamas. Ser calor en su estado más puro, no poder controlar el hambre de madera y plástico y todo lo que sucumba ante ti. Sentirse libre en un bosque, en el infierno, en una casa.

Sentirse bien arrebatando vidas, escuchando sus gritos de desesperación, sintiendo que aniquilas todo bajo tus pies.

Claro, tú no lo sabes. Tú eres azul y yo soy rojo, tú eres día y yo soy noche. Aunque quizá sí entiendas la desesperación, porque no eres precisamente el elemento más inofensivo del mundo, eh, que tú también has matado a unos cuantos seres vivos. Eres un peligro en mucha cantidad, y anda si no lo sabré yo bien.

Aún así, tú me llevas siempre, siempre la contraria, desde que nos conocimos llevas haciéndolo —y anda que no es poco tiempo— y lo peor es que pocas veces logro ganarte, y al final siempre me acabas apagando. Tú eres lo único que me hace frente, y te detesto, te odio mucho por eso.

Por eso, cuando vienes a atacarme, lo único que hago es tratar de expandirme más. De esquivarte. De llegar a más lugares, disfrutar más de la poca libertad que tengo, porque no sé cuándo volveré a aparecer —tú no sabes qué es eso, si siempre estás presente en todos los malditos lados— ni cuando volverás a detenerme.

Ahora mismo estoy libre en diez lugares diferentes —y con libre me refiero a que no estoy controlado por esos malditos aparatos que me cortan la vida— y en nueve de ellos ya estás llevándome la contraria de nuevo, no te falta mucho para amargarme en el último que me queda.

¿No ves que detesto ser controlado? Quiero ser libre, grande, expandirme, y las pocas veces que lo logro, siempre te las apañas para venir a amargarme. Ojalá siempre pueda convertirte en humo y nunca vuelva a verte, pero sigues apareciendo cuando menos te quiero, como si tu objetivo en la vida fuera amargarme la existencia.

¿Es que no te vale con tener tres cuartos del maldito planeta? ¿En serio, qué te crees, que todos tenemos tanto espacio? Pues no, no todos tenemos tu maldita suerte. ¿Por qué estás en esta pequeña casa y no en uno de tus malditos océano? ¡Que tienes cinco, joder!

Quiero que te largues de una jodida vez, que te vayas, que me dejes en paz. Pero por más que intento escapar —o echarte, lo que primero salga—, sales de esa maldita cosa con tanta fuerza que no hay manera de contrarrestarte.

Me quitas la madera de la mesa y tengo que ascender por un armario. Pero no hay nada más donde pueda ir, así que bajo de ahí antes de que puedas cortarme el paso y voy por el suelo que aún no he quemado.

Sé que tu prioridad es apagarme como sea, pero que te obligarán a priorizar a la niña que está gritando mientras recorro su cabello, su pijama del mismo color que yo, naranja. Sé que tenía buenas intenciones cuando me encendió para darle una sorpresa a su madre, pero odio las velas, tardo mucho en fundir su maldita cera.

Me dejó libre en el suelo. Sin querer, lo sé, pero ¿qué te esperabas? ¿Que me quedase quieto mientras venías o qué? ¿Y desperdiciar esa hermosa oportunidad? Ni de coña.

Aprovechando esa hermosa madera, que cruje y crispea ante mi paso, pude hasta llegar hasta los cuartos y convertir de ellos mi fortaleza. La culpa es de quien decidió que en la cocina no se pusiera ese insoportable mármol, no mía.

Puedo entender que quieras salvar a la niña, por mucho que me fastidie. Siempre has sido así, desde siglos atrás. Pero, ¿en serio vas a salvar a este ente? Tú has visto como trata a su familia, has estado en las mejillas de esa niña y su madre. Has recorrido sus doloridos cuerpos, has sentido su dolor. Y hasta yo lo he visto cuando la mujer cocinaba, o cuando este ser me encendía para un cigarro. Casi podía sentir que aparecía en la furia de sus ojos, ojalá haberlo hecho para que no pudiera ver a nadie así nunca más.

En serio, déjame. Deja que pueda consumirle en el mismo infierno que él ha hecho pasar a su familia. Deja que lo siga torturando por toda la piel, hasta que no quede más que cenizas de su cuerpo.

Aunque quizá no le mate. Quizá solo lo destruya tanto que no pueda volver ni a levantar un solo dedo. Quizá haga que no vea nunca más las lágrimas que provoca, o que no saboree de nuevo el alcohol que tanto le encanta. Quizá todo junto sea una maravillosa opción.

O quizá sí que lo mate para seguirle torturando en el inframundo, en mis dominios donde tú no interfieres nunca.

De verdad, me da igual lo que hagas, pero déjame torturarle. Déjame ser libre por su piel, por su cabello, por su ropa. Déjame escuchar sus gritos de desesperación, deleitarme con ellos mientras pienso qué será lo siguiente que le queme, si la boca o los ojos.

Déjame ser lo que soy: una pesadilla.

Hey-o!

¿Cómo estamos? Aquí os dejo el reto numero 15: Un incendio como si estuviera vivo.

Ala. Pues aquí lo tenéis.


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Hasta otra! 

jueves, 31 de mayo de 2018

#Origireto2018: Mayo #2


Debe ser una broma.

Intento reír la gracia, pero no me sale más que un sonido ronco que ni siquiera soy capaz de reconocer como mío.

—Buen chiste, pero ahora que…

—No es ninguna broma —frunce el ceño, como si lo dijese en serio—. ¿Quién es usted?

—Vamos, ya te vale, no tiene gracia…

Sus ojos no parecen estar bromeando. Ni siquiera está sonriendo. No me puede haber olvidado, ¿no?

—No estoy bromeando. Y si...

Un ruido le interrumpe. Una chica acababa de entrar a la biblioteca y había soltado los libros que tenía en brazos, y me mira como si fuera una especie de Dios que ha bajado a la Tierra.

—¡Señor! —exclama con nerviosismo—. ¿Se le ofrece algo…?

Niego, y parece que se alivia. Hace una reverencia y recoge rápidamente sus libros, con toda la pinta de querer salir de mi vista lo más rápido posible.

—¿Has visto e…? ¿¡En serio?!

¡Se ha ido! Se ha ido dejándome con la palabra en la boca… ¡así, como si nada!

El pie me duele cuando pateo uno de los armarios y los libros caen encima de mí como granizo, dándome en la cabeza.

—¡Auch!

Logro salir del montón de hojas viejas para no asfixiarme bajo ellas, y suspiro.

Ya me parecía extraño todo esto. Y creo que sé lo que pasa.

Es que estoy soñando.

Sí. Y como buen sueño, puedo hacer lo que se me pegue la gana. Porque en los sueños todo se hace realidad, así que mientras esto dure, podré cumplir todo lo que he deseado.

Por lo menos hasta que por la mañana me despierte tan pobre y mísero como siempre.

···

Bueno, este es un sueño muy largo, sin duda.

He hecho de todo. He caminado por todo el palacio a mis anchas, he comido hasta decir basta, me he paseado por todo el pueblo como hacía mucho tiempo que no hacía.

Todo eso está tachado de mi lista.

Siempre supe que algún día sería rico, así que hice una lista de cosas que hacer para cuando lo fuera. 

Tachando lo que ya he hecho, solo quedan dos cosas por hacer, las principales: volver a casa y…

Suspiro. ¿Cómo voy a poder hacerlo si no me recuerda? Le he visto un par de veces cuando paseaba, y me miraba raro, como si fuera un loco o algo. Eso quiere decir que, en este sueño, no me recuerda y por tanto no puedo hacer nada de lo que tenía planeado.

Supongo que tendré que empezar de cero.

Pero ahora tengo los recursos. Quizá sin dinero no tenía ninguna posibilidad, pero ahora sí puedo.

Ahora sí puedo enamorarle.

Así que tendré que empezar por lo básico. Que me conozca.

—¿Me estás siguiendo o es mi impresión, señor rey?

Ups, me ha pillado. Ha perdido ya los modales, nunca le han durado.

—Tranquilo, no quiero hacerte daño.

—Dudo que puedas.

Impertinente como siempre.

—Vaya, y yo que iba a invitarte a cenar.

—¿Quién te ha dicho que yo querría? —la pregunta me parece tonta. ¿Quién rechaza comida?—. Ah, suponía eso.

—¿El qué?

—Que el ego de su majestad es tan grande que se piensa que puede tener lo que quiera con el chasquido de sus dedos.

En realidad, eso es cierto. Solo tengo que pedir algo y lo tengo inmediatamente.

—¿Y no es verdad?

Se cruza de brazos, con sus ojos verdes tan serios como cuando me echa una de sus charlas.

—No. A las personas no se las compra.

—¡Eso ya lo sé!

—Pues parece que no, visto lo visto.

Da media vuelta y se va volando, aunque no puede ir muy lejos por el hechizo sobre sus alas.

No tiene caso seguirlo.

···

—Al final te saliste con la tuya, ¿eh?

Sonrío. Era obvio que no estaría nada contento, después de todo prácticamente le he obligado a venir. Nunca he entendido su tozudez, rechazando siempre las ofertas por orgullo. Puede estar muriéndose que no aceptaría la ayuda que consideraba que no merecía.

—Siempre.

—¿Por qué la insistencia? Que yo sepa, estoy aquí contra mi voluntad.

No le falta razón. Cuando dije que quería que viniera a dos sirvientas, no me imaginé que le atarían y 
le tirarían en lo que ahora es mi despacho.

Quizá la manera sea algo ruda, pero como siempre le he dicho a este maldito terco, es que el dinero siempre te ayuda a obtener lo que quieres.

—Solo quiero ser tu amigo.

—Pero yo no.

—¿Por qué?

Arquea las cejas, como si le estuviese diciendo que el cielo es amarillo.

—¿Te hacen falta más razones? Estoy atado y prácticamente obligado a hablar contigo. Normalmente mis amigos no se comportan así.

—Bueno, pero tú fuiste el que no quiso venir.

—¿Y eso es motivo para hacer esto? —levanta sus manos, mostrándome las cuerdas que las atan—. Que yo sepa, puedo tener voluntad. Suficiente que no puedo volver a mi hogar.

—Eso no es mi culpa.

—No te he visto hacer nada por solucionarlo desde que el otro rey murió.

¿Eso fue lo que pasó? ¿Murió y por eso en este raro sueño soy rey? Vaya, no me lo habría imaginado, pero no tengo cómo rebatirlo.

—¿Por qué no me das una oportunidad?

¿No puede ver que es por él que deseaba tener todo esto? ¿Por qué mis sueños siempre tienen que ser incompletos? Yo solo quiero que me quiera, y ahora debería ser muy fácil.

Debería.

—¿Porque piensas que puedes comprarme con dinero, quizá? ¿O porque estoy atado y hechizado para no poder ni irme a mi casa? No sé, ¿se te ocurren más razones?

—Pero…

—Pero nada —no me da tiempo a responder—. No pienso hablar contigo. Aunque me regales todo el castillo.

—¿Por qué eres tan terco?

—Así soy yo. Insoportable, ¿no? Pues mira, ya que lo sabes, déjame ir.

—No lo haré, así que nos podemos quedar así todo el rato.

Apoyo los codos en la mesa y sonrío.

—Bien, pues así será.

Sé que lo dice en serio, porque no se ríe.

—¿Estás seguro?

—Sí, porque no me quedaré ni un momento más.

Y se va, atado aún con por las muñecas.

Parece ser que al final tenía razón: el dinero no me dará lo que más quiero.

No me dará su amor.

 ···

Yahoo!

¿Cómo estáis? Bueno, a últimas de mes pero terminado!

Este sería el reto nº21 "Relata lo que haría tu personaje para conseguir lo que quiere si fuera millonario", y es de fantasía pa cumplir uno de los retos anuales.

Espero que os haya gustado este :3

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La pluma azul de Katty

Solo un capítulo más

Hasta otra! 

jueves, 17 de mayo de 2018

#OrigiReto2018: Mayo #1


Sueños.

Eran sueños lo que hacían levantarse cada mañana. Sueños que, para él, parecían cercanamente inalcanzables. No era de extrañar, pues tenía al alcance de su mano todo lo que quería, todo cuanto ansiaba, tanto él como el mundo entero.

Todo lo que no tenía.

Dinero.

¿Quién no podría querer dinero? Era como tener nuevas alas. Como modificar un aspecto de su vida que no le gustaba, cambiarlo al instante. Remodelar un pasado que no deseaba tener. Tenía claro que nada podía hacerse sin dinero, porque, aunque fuera triste pensarlo, todo giraba en torno a este.

De hecho, trabajaba al servicio de un rey. Uno que tenía tanto dinero como para aliviar el hambre de todo el reino pero que no lo hacía, porque su codicia no le dejaba ver más allá. No le culpaba, si él tuviera tanto dinero desde niño, también sería así.

Pero algún día tendría tanto dinero que el rey se le quedaría atrás. Y entonces podría hacer cualquier cosa. Porque el dinero que tendría junto a su magia, le harían alguien invencible. Alguien poderoso.

Entonces obtendría todo lo que quisiera.

—¿Quieres dejar de soñar despierto, idiota? Te vas a cortar.

Miró las tijeras con las que cortaba un trozo de seda, más cara que toda su comida en una semana, peligrosamente cerca de su mano.

—Lo siento —guio las tijeras por el lugar indicado—. Si nos dejasen hacer esto con magia, no pasaría.

—Sabes que el rey no se fía de la magia. No es un feérico, pero sabe que su ejército será mejor con magia en sus filas.

—No me lo recuerdes. Ninguno quiso estar aquí en primer lugar.

—No podemos hacer nada, así que deja de soñar despierto y date prisa —miró el reloj—. Pronto los sastres llegarán a por la seda.

Le miró mal, pero no objetó. Su mejor amigo era más flexible a adaptarse a las situaciones, y se hubiese vuelto loco si no hubiese llegado a ese castillo con él. Últimamente había muchas redadas de feéricos en los bosques, con algún extraño objeto que anulaba su magia temporalmente y los secuestraban para forzarlos a ir al frente. Si no estaban en guerra, los obligaban a servir al rey, como era su caso.

A ellos los secuestraron en una de esas redadas. Nunca hubieran salido de su bosque de no ser por eso.

Por ello, cada noche miraba el cielo estrellado, pidiendo despertar como un rey, tener mucho dinero para poder tener todo lo que quisiera…

"Algún día despertarás y serás asquerosamente rico. Ese día, te darás cuenta de que no todo en la vida es dinero".

Eso le había dicho alguna vez su amigo. Pero no tenía ni idea. Si tuvieran dinero, eso no estuviera pasando. No estarían condenados a morir en la guerra o estar toda su existencia entre muros.

—Por favor —como todas las noches, pidió al cielo mientras su amigo dormía a su lado, en aquel cobertizo que era muy incómodo los días de lluvia al estar sin techo—. Quiero despertarme algún día... y ser tan rico como el rey.

Cerró los ojos, sin ver la estrella fugaz que atravesaba el cielo.

***

Agua.

Los feéricos no sabían nadar. Solo volar. El agua era para las ninfas. Odiaba el agua.

Se ahogaba. Iba a morirse sin haber conseguido su objetivo. Siendo bello y joven, iba a ahogarse sin haber hecho demasiadas cosas, sin haber dicho muchas otras.
Agitaba los brazos, pero solo encontraba agua. Entonces, algo le agarró y le tiró hacia arriba.

—¡Señor! ¿Está bien, señor?

¿Señor? No era tan viejo. Por favor, si todavía era joven y hermoso.

—Parece que respira.

Eran dos voces femeninas. Eso pudo distinguir en cuanto dejaron de pitarle los oídos y escupió el agua que había tragado.

—Señor, le dijimos que era mala idea lo de bañarse en un lago artificial.

Una de las muchachas le miraba con preocupación, pero él no se fijaba en ella, sino en su alrededor. Todo era oro, dorado, con ciertos trazos blancos.

—¿Dónde... estoy?

Las chicas se miraron preocupadas entre sí.

—Está en su habitación, su majestad, ¿recuerda...? —preguntó la otra, que estaba mojada. Seguramente ella le había salvado.

—Espera. ¿Qué has dicho?

—Que está en su...

—No, después.

Arqueó una ceja.

—¿Su majestad?

No se lo creía. Entonces no había sido su imaginación. Se miró a sí mismo, con un traje blanco y dorado como la sala donde se encontraba. Miró hacia atrás y descubrió una pequeña honda de agua. No estaba tan profundo para que alguien se ahogue, y se sintió algo estúpido por ello.

Se levantó y vio la inmensidad de la habitación. Era más grande que el cobertizo donde había vivido durante años, sin duda. Su amigo lo flipaba en colores como supiera que esa era su habitación.

—¿Se encuentra bien?

Las muchachas le miraban como si fuera un bicho raro, y él solo les sonrió.

—Sí, perfecto. Podéis retiraros, gracias por vuestra ayuda.

Las dos parpadearon sorprendidas, como si agradecerles su trabajo fuera lo más impensable del mundo.

En cuanto salieron, se puso a saltar encima de la suave cama llena de algodón. ¡Algodón! Eso solo lo había tocado para hacer las sábanas del rey. Ahora, tenía todo el algodón en sus pies, saltando encima de él como si no costase igual que a su comida del mes.

A su lado había una bandeja llena de frutas. Cogió una manzana y se la comió, hacía mucho que no comía una porque no les dejaban acercarse a los bosques.

—¡Soy rico! —rió.

Su deseo, de alguna manera, se había hecho realidad en un abrir y cerrar de ojos. Había despertado, y de la nada era rico. ¡Asquerosamente rico!

Entonces se le ocurrió ir a ver a su mejor amigo, que con toda seguridad estaría en la biblioteca del castillo, pues solía madrugar para ir ahí. No se lo creería, ni en sueños se hubiera imaginado que tan rápidamente su deseo se pudiese hacer realidad.

Ahora sí podría decirle todo lo que había callado desde hacía tiempo.

Alegre, entró en la biblioteca y encontró sus ojos verdes centrados en un denso libro.

—¡Hola! —saludó, sonriente.   

Levantó su mirada del libro y le miró con extrañeza.

Las siguientes palabras que dijo le rompieron el corazón.

—¿Quién es usted?

Yahoo!

¿Cómo estáis? Bueno, yo debido a mi lesión aprovecho pa escribir un poco.

Este sería el reto nº9 "Un despertar original", y es de fantasía pa cumplir uno de los retos anuales.

La pegatina la subiré cuando tenga el 2. Espero que os haya gustado este :3

Dejo links :3

La pluma azul de Katty

Solo un capítulo más

Hasta otra!