domingo, 30 de septiembre de 2018

#Origireto2018: Septiembre #2


Año 1960.

California, Estados Unidos.

Takahashi. Akira Takahashi.

Adam nunca olvidaría ese nombre. El de la persona que le salvó de lo que se recuerda ahora en Estados Unidos como «The Japanese Revenge», que dio una vuelta completa a lo que era la Segunda Guerra Mundial.

Adam lo estudió, y esa parte de la Historia era la que mejor se sabía. Más que nada, porque él había presenciado la revuelta, cuando nadie se lo esperaba, en mitad de la noche. Tomaron el buque con todo lo que conllevaba, mataron a todos los tripulantes americanos y los arrojaron al mar.

A todos, menos a uno.

A Adam Wright, el hijo de seis años del almirante Wright que iba a bordo.
Pero eso nadie lo sabía. Todos pensaban que la familia Wright murió esa noche y las olas del mar derivaron sus cuerpos a sus profundidades.

Adam nunca tendría palabras suficientes para agradecerle a aquel soldado el que le hubiese perdonado la vida. No tenía por qué hacerlo, era un americano, hijo de un marine que había arrebatado muchas vidas, que había matado a su gente.

Aún así, Takahashi Akira le había permitido vivir. Adam sabía que debería guardarle rencor por arrebatarle a su familia, pero simplemente no le nacía. Solo sentía agradecimiento.

Quince años habían pasado desde ese incidente, y como bien había sido dicho, las tornas giraron drásticamente. Lo que se saboreaba como una victoria de los Aliados, acabó por ser la gran derrota estadounidense. Una cucharada de su propia medicina.

Se decía que la bomba atómica, creada por científicos americanos, sería el fin de la guerra para Japón. Pero los japoneses fueron más inteligentes, y se infiltraron con el propósito de destrozar la bomba atómica.

Lograron retrasar su funcionamiento, dando tiempo a que el barco lleno de soldados japoneses disfrazados de prisioneros de guerra llegase y orquestase la gran matanza del puerto de Long Beach, en California.

En esa matanza participó Takahashi Akira. Su nombre aparecía repetido varias veces en los libros. Lo más misterioso de ese hombre era que no parecía tener pasado más allá de la milicia.

Su nombre solo aparecía coincidente con un soldado del mismo nombre que murió en la Gran Guerra, pero nada más. Era como si veintidós años de su vida no hubiesen existido.

Adam, ya con veintiún años, sabía que era posible. Nadie le reconocía como el hijo del almirante Wright, sino como un niño que salió de la nada en medio del caos, y recogieron para enviarlo a un orfanato.
Adam se acomodó el yukata que hacía juego con su color de ojos, y se miró en el espejo. Tras la colonización japonesa, Estados Unidos había tratado de independizarse muchas veces, sin demasiado éxito.

Aunque quizá era porque no era una revuelta seria como lo fue contratado Gran Bretaña. Nadie se atrevía a llevar la contra a Japón, pues ya se vio lo que pasó con la bomba atómica en Washington y la siguiente en Los Ángeles.

Los japoneses les atacaron con su propia arma, y eso puso fin a la guerra, sí, pero con la rendición americana en vez de la japonesa.

Todos se preguntaron un largo tiempo cómo era posible que Japón, un país en el que seguían usando katanas antes que pistolas, pudiese haberles atacado con una bomba atómica cuando no sabían prepararla.

La respuesta fue, de nuevo, Takahashi.
Él se infiltró y robó los planos y materiales suficientes para armarla. Sin embargo, tras las dos explosiones, declaró su destrucción.

«Los japoneses no luchamos así. Y si lo hice, fue porque seguía órdenes de mis superiores».

Eso declaró a la prensa, que no tardaría en salir en todos los periódicos y canales.
Sus ojos demostraban una gran rabia pese a haber ganado la guerra. Sus puños se apretaban con fuerza mientras declaraba, pese a haber sido condecorado con medallas y ascensos.

Eso sucedió cuando Adam tuvo siete años.
En esos catorce años, muchas cosas habían cambiado. Con tecnología estadounidense y conocimiento japonés, la industria tecnológica había fomentado de manera impresionante, siendo Tokyo el principal núcleo de esta y quitando a Kyoto como capital del país.

Cosas tan inimaginables como teléfonos que no necesariamente tengan un cable, o que la televisión fuera a color, eran ya reales.
Todo gracias a la unión de los dos países y los pros que cada uno. Estados Unidos había adquirido costumbres japonesas debido a la superioridad de Japón por ser el bando ganador, pero el país del sol naciente había conseguido grandísimos avances en cuestión de años que, de ser de otra manera, le habría costado muchísimo más.

La segunda revolución industrial era la tecnológica, y definitivamente Gran Bretaña se había quedado demasiado atrás en esa cuestión. Pobres ingleses, revolucionarios que ya solo quedarían en la Historia.

Salió de la habitación y atravesó pasillos laberínticos hasta dar con la puerta que buscaba. Tocó suavemente, recibiendo el permiso que esperaba, y la deslizó. Unos ojos le miraron.

Los ojos oscuros de Takahashi Akira, para quien trabajaba.

—Hola, Adam.

Adam se inclinó, con una reverencia, hasta que Takahashi le dijo que era suficiente.

—Sabes que no tienes por qué hacerlo, Adam.

Adam se enderezó y le miró. Suspiró al darse cuenta de las preocupaciones que rondaban a Akira.

—Teniente del ejército, ejerciendo la presidencia de prácticamente dos países, y no eres capaz de contarle al mundo la verdad.

Akira rió amargamente, ajustándose el yukata para que le quedase más suelto.

—Piensa, Adam. A los hombres os gusta que sean otros hombres los que os guíen. ¿Crees que estaríamos creando la primera inteligencia artificial si se supiera que soy una mujer? —suspiró—. Si tú lo sabes, es porque confío en ti. Pero no puede saberlo nadie más, o será un caos que no pienso soportar.

—Pero serías una gran señal de que las mujeres no sois menos que los hombres —señaló la televisión, que tenía puesta una revuelta de mujeres que aclamaban algo como «feminismo».

—Lo sé. Y lo siento por mis compañeras —suspiró de nuevo, mirando la pantalla—. Pero en una democracia donde solo gobiernan hombres, no hay mucho que yo pueda decidir sobre los derechos de las mujeres.

Se puso al lado de Adam, con una mano sobre su hombro, con una sonrisa que auguraba problemas.

—Pero convertiré esta democracia en una de verdad.

Holasa~

Estoy de Japan! So que mejor que un relatillo a finales de septiembre para celebrarlo. Y con temática japonesa :3

Este se correspondería con el número 1! Elige un momento histórico y cuenta cómo sería si hubiera sucedido de otra manera.

Ok. Pues eso. He cogido la II Guerra Mundial y la he puesto como si hubieran ganado los japoneses, enlazando con el relato anterior.

So espero que os haya gustado :3

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La pluma azul de Katty

Solo un capítulo más 

Hasta otra!  


jueves, 6 de septiembre de 2018

#Origireto2018: Septiembre #1

Año 1945.
Hiroshima, Japón.

Mi pueblo puede respirar tranquilo. El intento americano ha quedado en eso, en un intento, y la amenaza que nos acechaba era menor. Pero no por ello menos importante. Seguimos en guerra, y los extranjeros tienen armas a distancia, con las que pueden matar al menos al seis soldados con solo una de ellas.

Sigo creyendo que es algo de cobardes el esconderse tras una de esas cosas a metros de distancia del enemigo. Si fueran soldados de verdad, lucharían con la espada, y morirían con honor. Pero esos hombres le temen a la muerte, y no piensan rozarla de no ser necesario.

Por eso los americanos amenazaban con una de sus preciadas bombas, pero a un nivel mucho mayor. Según la información que corría, Hiroshima iba a ser uno de los principales objetivos de una explosión nunca antes vista. Pero algo ha sucedido, y esa bomba nunca llegó a terreno japonés, para alivio de todo mi pueblo.

Pero no podemos quedarnos así. No podemos. ¡Debemos ganar a los americanos! Si tan solo me dejasen salir al frente, si pudiera luchar con todos...

—¡Akiko! ¿Qué te dicho de jugar con esa katana?

Madre me mira, enfadada, desde la puerta que separa el dojo de la casa. Hago un par de movimientos más, sin pararme a verla, como si no la hubiese escuchado.

—¡Akiko!

El suelo del dojo cruje, y la miro.

—¡No estoy jugando! ¡Y tengo veintidós años, debería poder ir al frente igual que Takashi!

—¡Takashi es un hombre! ¡Tu deber es quedarte en casa! ¿Cuándo lo vas a entender, niña?

—¡No quiero entenderlo! ¡Soy mejor que Takashi con la espada! —Aprieto los labios. No quiero que el destino de mi mejor amigo sea morir en la guerra—. ¡A él no le gusta la guerra! ¡Él no quiso ir, pero yo sí! ¿¡Por qué?!

—¡Porque no! ¡Te prohíbo que cojas esa katana, señorita!

—¡No puedes hacerlo! ¡Es lo único que me queda de padre!

—Claro que puedo.

Su mirada me congela el alma. Es tan profunda, tan seria, que no puedo evitar temblar. Sin embargo, la ira se sobrepone a mi miedo y aprieto el mango de la katana

Padre murió en la Gran Guerra. No lo llegué a conocer, y si lo hice, no lo recuerdo. Solo sé que me dejó esta katana como un recuerdo de cuánto me hubiera querido de seguir vivo. Debo honrar su memoria, ganando esta guerra por mi país.

—No tienes poder sobre mí —alzo la katana hacia ella, y la miro a los ojos.

No me gusta nada de esto. No me gusta enfrentarme a ella, pero no puede evitar que vaya.
Recojo mi pelo en una coleta, y con la katana, lo corto. Los cabellos negros, largos, caen a mi alrededor. Madre me mira impasible, como si nada le afectase.

No le digo nada más. La esquivo mientras salgo del dojo, de casa. Escapo de mi familia, ignoro al hombre que iba a ser mi marido sentado en el tatami del salón.

Nunca más voy a volver a ese lugar. Porque ya no soy Takahashi Akiko.

Soy Takahashi Akira.

Como mi padre.

___
Cuando me alisto en las filas, nadie duda que sea un hombre. Algo débil, menor a lo que en realidad soy, pero un hombre. Mis pechos nunca han sido particularmente grandes y el traje es lo suficientemente holgado para que no se noten mis curvas. Además, mi piel no es tan delicada como el de otras mujeres, porque yo he pasado días enteros al sol entrenando con la katana.

Me envían en una embarcación a Estados Unidos. Infiltración. Me llevan como prisionera de guerra junto a otros soldados más, pero la realidad es que las cuerdas están falsamente atadas para que podamos tomar el control cuando nos sea conveniente.

Nos tratan peor que a basura, y pasamos días enteros sin comer ni beber nada. De vez en cuando, sin desatarnos, nos dan un trozo de pan duro y un vaso de agua que quién sabe de dónde ha salido. No preguntamos tampoco.

Contamos los días con el atardecer y el amanecer, cuyos anaranjados colores aparecen por una rendija de la puerta, en el camarote en el que nos tienen prisioneros. En realidad, creo que hace las funciones de almacén, pero no estoy segura.

Solo soy yo con mis pensamientos. Nos tienen la boca atada menos cuando comemos. Y no son particularmente amables. Hemos recibido palizas como divertimento de esos occidentales, y no puedo evitar preguntarme si todos serían así.

Nunca he sentido tantas ganas de matar a alguien como en estos momentos. De desatarme estas cuerdas y tomar la katana que han guardado dentro de una caja, mientras pensaban que dormíamos, para rebanarles el cuello. O atravesarles el corazón. Lo primero que se me antoje.

¿Eso me convertiría en una asesina? No lo sé. Pero si era así, bienvenido sea. Me da igual.

He venido a la guerra, y no puedo pretender ser considerada con alguien. O son ellos, o soy yo. Los americanos no dudarían en meterme una de sus balas en la frente, yo no dudaré en atravesarles de lado a lado con mi katana.

Ellos han matado a miles de los nuestros, ¿por qué habríamos de tener consideración con ellos?

El décimoquinto atardecer es la señal. Acordamos con gestos salir de madrugada, cuando todos duerman y estén lo suficientemente confiados para saber que no saldremos de nuestra prisión porque ya lo habríamos hecho antes, si hubiésemos querido. Mentalidad occidental.

Sonrío mientras me quito las cuerdas y me destapo los labios.

Por fin, mi momento ha llegado.

___

El momento no es tan bonito como me lo había imaginado.

Mi sed de sangre se desvanece cuando veo las súplicas de aquel niño rubio, con ojos azul cielo, escondido debajo de la cama. Llorando a lágrima y rogando por su vida. No entiendo el inglés, pero no me hace falta

Please... Don't kill me...

Le hago una seña para que se calle. Le respondo a mi compañero que no hay nadie en este camarote cuando me pregunta.

La sangre me mancha la cara, las manos, la ropa, pero no puedo mancharme con la de este niño inocente. Le sonrío y le hago una última seña para que se calle y que no salga de ahí.

Suspiro irónica. Después de todo, madre tendría razón.

No soy una soldado

___

Bueno, bueno, este sería el primero de Septiembre. Para que no coja el tiempo XD.

Sería el reto número 4: haz que tu protagonista se convierta en un asesino. Bien, pues este es el mío. Me viene bien como antecedente del siguiente, que está relacionado con este.

Dejo links!

La pluma azul de Katty

Solo un capítulo más 

Hasta otra!  



 

Escribir Jugando: Septiembre

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El fuerte viento que había hizo que el tintero, en sus últimas reservas, derramase ese poco restante de tinta encima de la carta que estaba escribiendo en el medio del puente, manchándola de negras gotas que hacían ilegible la letra. Gruñó, descartando el papel y sacando uno nuevo.

Entonces, lo escuchó. La puerta de plata que había tras suya emitió un chirrido que le congeló la sangre. Apresuró a sacar su último tintero, su letra era más desesperada.

Se le había acabado el tiempo. La muerte iba a por él, alumbraba las gemas rojas de su alrededor.

Pero aún tenía que despedirse.

Holasa!

Bueno, yo soy masoquista y me apunto a muchas cosas, entre ellas la iniciativa Escribir Jugando de El blog de Lidia, una iniciativa muy interesante. Os dejo ahí el link por si queréis pasaros.


Espero que os haya gustado, son las 100 palabras justas del microrrelato XD.

Hata otra! 

viernes, 31 de agosto de 2018

#Origireto2018: Agosto #2

Sonríe. Sonríe sólo como un hombre podría hacerlo. Orgulloso de sí mismo, de sus acciones, como si no hubiera nadie mejor que él.

Porque, de hecho, no hay nadie mejor que él. No todos los hombres podían decir que había estado con siete chicas diferentes en una semana. Que fuera voluntariamente, era otra historia.

Pone las manos en los bolsillos mientras pasea delante de la sala de espera de la comisaría, aparentando preocupación cuando ni siquiera había denunciado nada. Veía a la mujer pelirroja que le grita unas cuantas cosas a una chica que llora en brazos de otra.

La madre de Anna, Carla, de cuarenta y cinco años, es la que grita a Katherine Martínez, de padres colombianos, y la novia de Anna que llora en brazos de Jessica Gutiérrez, la mejor amiga de Anna.

Conoce la vida de todas ellas. No por nada ha estado vigilando a Anna día y noche. Katherine es una buena muchacha, pero tiene lo mismo de guapa —a pesar de su piel oscura— que de desconfiada. Sabe al instante cuándo alguien tiene malas intenciones, no como Anna, tan ingenua. Jessica es guapa, con su pelo rubio tan bien cuidado, pero no es su tipo. Muy común.

Anna es, sin embargo, perfecta. Su pelo rojo es tan inédito, siendo natural, que no puede parar de tocarlo y ansía volver a su habitación para volver a tocarla. Su ingenuidad es maravillosa, pensando lo mejor de cualquiera. Sus ojos verdes brillan cuando está al lado de Katherine, aunque le da asco cuando se besan, como si fuera algo normal.

¿Quién cojones ve normal a dos tías enrrollándose? Él, al menos, no. Pero le quitaría la tontería, él lo lograría. Carla no tiene ni idea de cuánto sufre su hija porque sabe que ella la odiará si Anna le dice que está líada con una tía negra inmigrante. No quita razón a Carla, pero odiar a Anna no es la manera.

Tiene que tener un hombre, un hombre de verdad, a su lado. Se dará cuenta entonces de lo antinatural que es estar con una mujer, y abriría los ojos. Ya la ha visto disfrutando antes, y le haría disfrutarlo de nuevo. Esta vez le obligaría a no llorar, porque odia que llore.

También odia que diga el nombre de Katherine, pero eso ya no lo hace. Le tuvo que dar unos golpes, pero ha obedecido. No quiere golpearla, pero las mujeres no entienden otra manera.

Se sienta detrás de las dos chicas, la madre de pie mientras llora y responde a las preguntas del policía que se ha acercado a ellas.

—¡Estoy segura de que es algún traficante con los que esta negra se junta! —chilla Carla, señalando a Katherine.

Katherine no pertenece a ninguna banda, porque si no él habría actuado antes. Carla está equivocada en eso, pero lo divertido es ver las reacciones de las familias. No mató a ninguna de las chicas anteriores solo por eso, por ver su reacción y la de sus familias, y la impotencia al no poder atraparle.

Era maravilloso observar su día a día, cómo trataban de reconstruir su vida pero siempre inseguras, cayendo de nuevo en el miedo cada vez que alguien les tocaba. Con ellas es divertido, pero con Anna será maravilloso, porque él ha visto la alegría con la que siempre saluda al día, la sonrisa con la que se va a dormir. Anna no se iría. No es como las demás, a las que observaba por aburrimiento y las disfrutaba una noche.

No. Anna es diferente. Anna estará con él. Será difícil al principio, como todo lo que se hace por primera vez, pero ella aprendería a quererle, a golpes si era necesario. Aprendería a ser una buena mujer, porque él quiere a Anna como una mujer decente, que sepa limpiar, cocinar, planchar y que calle cuando deba hacerlo. Le haría dejar la universidad, que no le servirá de nada si él estaba con ella. Mientras él estuviese con Anna, a ella no le haría falta trabajar ni estudiar. Solo dedicarse a hacerle feliz y darle hijos, a los que ella cuidaría mientras él trabajase.

Serían felices, pero primero tendría que llevársela lejos. A otro país, podrían ir en coche cuando las cosas se calmen y el caso caiga en el olvido. Y en ese tiempo podría educar a Anna, enseñarle cómo debe ser una mujer tan guapa como ella. Habla demasiado, así que habría que solucionarlo. También tiene el pelo demasiado corto, y se viste como una prostituta. Tendría que eliminarle también el tatuaje que tiene en el brazo, y enseñarle que las mujeres no juegan al baloncesto.

Tenía bastante tarea, pero lo haría.

Sale de la comisaría y se dirige a un contenedor cercano. Saca unos guantes de látex que se pone y, de su mochila, extrae la chaqueta de cuero roja que Katherine le regaló a Anna y él le había robado a Anna en la discoteca.

La deja sobre el contenedor y se va, tirando los guantes en otro contenedor más lejano. No quiere esa chaqueta, porque Anna luce como si fuera una cualquiera de barrio cuando se la pone y Anna no es cualquiera, es suya. Y abandonando su chaqueta, le haría ver a Katherine que no volvería a tenerla.

Porque Anna es suya, solo suya. Ella había sido objeto de su obsesión desde el día en el que la vio mudándose al edificio de en frente, tras su cambio de universidad. Lo mejor que le udo haber pasado es su sonrisa, sus ojos mirándole alegre mientras le agradecía la ayuda con una caja que era demasiado pesada para sus delicados brazos.

Está seguro de que no recuerda al chico que le ayudó con una caja de las miles de su mudanza, pero a él no le importa. Crearían juntos nuevos recuerdos, ya no tendría que observarla a la distancia.

Porque él le daría todo lo que necesita, se dice mientras abre la puerta.

Conoce su comida favorita, su estilo de ropa, el tipo de música que le gusta.

—Si se portas bien, te daré todo eso y más —dice, acariciando su morada mejilla ante su mirada verde, asustada.

Si se portaba bien, los dos serían felices. Juntos.

Para siempre.

Agosto 2 ACABADO.

Bien, este sería el reto número 13: Narra una escena de acoso por parte del atacante. Yo me lo imagino más o menos así. El final ya para cómo lo veáis que pa eso es abierto JAJA

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Hasta otra!  



 

#Origireto2018: Agosto #1



























Holasa ✨

BIEEEN aquí está mi reto infernal, el 3 de las redes sociales.

Ni tan mal, lo único que para contar palabras UF. Sin contar los nombres, en líneas etc es 1009 palabras. MILPALABRISTA HA.

Subiré MAÑANA EL SEGUNDO PORQUE YO VIVO AL LÍMITE.

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Hasta otra!  


lunes, 30 de julio de 2018

#Origireto2018: Julio #2


Sé que Hana me cuidará. De verdad que lo sé. Pero siempre he sido muy dada a creer cosas tan "extravagantes", como dice Hana, como los aliens o los horóscopos, herencia de mi abuela. Por tanto soy "muy supersticiosa".

Respiro profundamente y me doy ánimos a mí misma mientras me acaricio el estómago. Tengo que asegurarme que Nate será un buen niño, aunque sea contra la voluntad de Hana. Sé que no cree en estas cosas, siempre tan escéptica, pero yo siento que, al menos, no pierdo nada por intentarlo.

Empujo la puerta, que chirría, y el fuerte olor a incienso me golpea de tal manera que me hace toser. Retrocedo un poco, pero no me dejo intimidar y me adentro en el lugar cuya única iluminación son velas, que dan un toque... tenebroso.

Llego a una pequeña recepción donde una mujer, tapada con una tela negra, me mira con verdes ojos brillantes, y eso solo me hace recordar a Hana. Tal vez estoy cometiendo un error...

Sacudo la cabeza. Es tarde para arrepentimientos, ya estoy aquí.

—Buenas tardes, señora —habla la recepcionista.

—Buenas... —me paso un mechón de cabello tras la oreja—. Venía por lo del ritual...

—¿Lo del ritual para los niños? Claro, ¿tiene cita?

—Sí —saco mi móvil y le enseño el email de confirmación.

—¿Tara Masson?

Asiento, pero me sonrojo levemente. Siempre lo hago al escuchar el apellido, nunca me acostumbraré a que me llamen como Hana. Decidí cambiarlo volutariamente, pero pese al tiempo, aún me parece que estar casada con ella es un sueño. Como si en algún momento vaya a despertar y volviese a estar en ese callejón...

—Por aquí, por favor.

Asiento mientras sacudo la cabeza de nuevo y me acaricio el estómago. Empiezo a tener un leve mareo, pero seguramente será culpa de mis siete meses de embarazo.

La mujer abre una puerta que apenas se ve por la oscuridad y entonces vuelvo a pensar que quizá sí es una mala idea después de todo. Casi escucho la voz de Hana diciéndome "te lo dije, idiota".
Hay muchas mujeres aquí, también embarazadas. Están sentadas en círculo, cogidas de la mano.

Cuando me acerco, me hacen un hueco para que me siente. El lugar está oscuro, excepto por las velas que están dentro del círculo. El olor del incienso es más intenso que antes, y se mezcla con otros aromas desconocidos, pero mareantes. Empiezo a respirar con dificultad.

Estoy muy nerviosa. Necesito relajarme.

Respiro profundamente y miro alrededor. Algunas tiemblan, y no es para menos, pues hace mucho frío. El aire acondicionado es muy fuerte. Pero nadie habla. Solo se cogen de las manos, como si estuviésemos en una misa.

—Buenas tardes.

La voz grave de una mujer resuena mientras algo cae sobre nuestras cabezas. Parecen hojas de laurel. Suspiro mientras veo los ojos azules de la mujer que parece ser la que va a hacer el ritual. En la oscuridad, el fuego parece relucir en ellos y en las joyas que lleva en su cuello.

—Todas, cerrad los ojos. No os preocupéis, en breve empezaréis a sentir una relajación interna.

Hago caso y cierro los ojos. Me siento débil, y pienso en Hana. En sus ojos verdes. En su sonrisa. Es muy guapa, muy buena, demasiado perfecta que a veces ni me creo que esté conmigo. Quisiera acariciar mi anillo, pero las manos las tengo cogidas por las mujeres que están a mis lados.

Alguien me acaricia los hombros, que están descubiertos por el vestido, y siento un escalofrío. Odio que me toquen. Nadie más que Hana puede hacerlo, y a veces incluso a ella la golpeo sin querer por tocarme. Me recuerda a ese momento, y no puedo evitar odiarme por ello.

¿Hasta cuando ese hombre seguirá presente en mi vida?

Me vuelven a tocar. Son manos muy gruesas para ser de una mujer. Recuerdo perfectamente el tacto de hombre, y sobre todo el de Hana. Las comparaciones se repetían sobre todo los primeros días, y no puedo olvidarlo por mucho que quiera.

Abro los ojos al tercer roce, harta de esa sensación. Me encuentro con el rostro de un hombre a centímetros míos. Grito, deshago mi enlace con las otras mujeres, y le doy mi mejor gancho. Hace tiempo que no entreno boxeo, porque el embarazo no me lo permite, pero eso no quiere decir que no pueda defenderme.

Nadie volverá a tocarme de nuevo.

Mi grito alarma a otras mujeres, que abren los ojos y se asustan al verse rodeadas de hombres. Empezamos a dar pelea, pero un disparo suena y todas nos paramos. Apreciamos nuestras vidas, así que cuando nos dicen que nos sentemos, no hacemos otra cosa que obedecer.

Hana tenía razón.

Es en lo único que puedo pensar mientras me atan las manos. Hana tenía razón, nunca debí meterme en esto. No debí...

Las lágrimas me caen al pensar que no la volveré a ver. No volveré a ver sus ojos, su sonrisa, su cara de frustración al volver de un mal día de trabajo. Como policía, Hana se frustra mucho cuando ve las injusticias del mundo. Estoy casi segura de que nunca se ha perdonado no poder defenderme de ese desgraciado, aunque siempre le digo que no ha sido culpa suya.

Saco el móvil como puedo para intentar llamarla. Ella puede ayudarme, ayudar a todas estas mujeres. Sin embargo, un disparo muy cerca de mi mano y una mirada de advertencia me dio la seña de que no va a darme una oportunidad de librarme.

El bebé empieza a patear. No es momento, bebé, no es momento...

Mi teléfono empieza a vibrar. Vibra. ¡Vibra!

—¡Responder! —grito, agradeciendo que tenga la función de responder llamadas así.

No sé quién llama pero grito por ayuda hasta que me encañonan la cabeza con la pistola. Miro al hombre que parece ansioso de pegarme un tiro en la cabeza.

—Mi mujer es policía, y seguramente ya está en camino. Acabo de hablar con ella —río—. Yo que tú, me lo pensaba dos veces.

Ni bien lo digo, la puerta se abre y los policías entran en tropel, dirigidos por Hana, que se acerca a mí y patea al tipo que no puede reaccionar por la impresión.


—Tara, algún día yo misma te mato, idiota. Menos mal que tenemos un email compartido, que sino ni hubiera sabido que estabas aquí.

Le sonrío mientras me desata.

—Sabía que vendrías. Eres mi heroína después de todo, Hana.

La mejor heroína que nunca tendré.

Yahoo :3

Bueno, aquí está el 2 de este mes, que sería el reto 5: Relata una historia centrada en un ritual.

Estaría enlazado con el otro :3 (Stiby si quieres título te sugiero Heroína JAAJJA)

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La pluma azul de Katty

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Hasta otra!  

viernes, 6 de julio de 2018

#Origireto2018: Julio #1


Restregó con fuerza el jabón contra su cuello, tanta que incluso llegó a hacerse daño a sí misma con las uñas. Contuvo un sollozo y agitó la cabeza.

Sin embargo, al cerrar los ojos, veía a aquel hombre de nuevo y sus peores pesadillas se volvían realidad en el tiempo en el que la luz no entraba en su retina.

Los abrió de inmediato y dejó que el agua se llevase todos sus miedos. Trató de no pensar, pero mientras más intentaba, más recordaba.

No le gustaba recordar.

Se suponía que ya lo había superado, y así era. Habían pasado seis meses desde ello, y casi no había pensado tanto gracias a Hana.

Sobre todo por Hana.

No sabría qué sería de ella si Hana no estuviera.

Sonrió al pensar en sus ojos verdes mirándola con esa dulzura. Con ese amor. Ese amor que la había sacado de la más profunda oscuridad.

Acarició su, aún creciente, estómago mientras se secaba con la otra mano los cortos cabellos castaños y se miró en el espejo.

Quizá el recuerdo de aquella noche volviese de nuevo por esa noticia.

La noticia de que su bebé iba a ser un niño.
No era que le dejase de querer menos por ser un chico. Nada que ver. Sólo que su experiencia con el género masculino no había sido precisamente la mejor.

Además, sabiendo la genética de ese bebé que esperaba, ¿y si salía igual a su padre? ¿Y si no le criaba bien, y se convertía en un ser despreciable?

La sola idea de ver a su hijo tras las rejas por un delito tan deporable como una violación le estrujaba el corazón. O peor. ¿Y si llegaba a ser un asesino violador?

A ese hombre poco le faltó para matarla. Tuvo suerte de que alguien acudiese a su rescate, tarde, pero pudo ayudarla a que no la callase para siempre.

Nunca olvidaría los detalles, ni esa cara. Tampoco olvidaría el abandono de su familia, su desprecio, y la ayuda de Hana, sobre todo esos primeros días que no quería que nadie la tocase, ni siquiera ella.

El recuerdo de esa fatídica noche estaba en su vientre, y aunque le había costado aceptarlo, ese bebé seguía siendo su sangre y ella lo quería. De veras que sí. Pero tenía miedo de que la genética se heredara tan fatalmente que su pequeño acabase volviéndose como su "padre".

—¡Cariño, estoy en casa! He tardado en encontrar una pastelería abierta a estas horas, pero conseguí tu pastel...

Hana calló al verla, y soltó la bolsa de la pastelería en el suelo, acudiendo a ver a su mujer, que estaba en el suelo de la habitación, con las rodillas contra su pecho y sus brazos rodeando su estómago.

Las lágrimas habían empezado a correr por el rostro de Tara, y Hana las limpió con preocupación.

—Tara, cariño, ¿qué pasa? ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Quieres que vayamos al hospital...?

—No, no, estoy bien... En serio, Hana...

—No estás bien. La Tara que está bien sonreiría —acarició su mejilla—. Sabes que puedes confiar en mí, cariño.

Hana levantó su mano izquierda y señaló su anillo para añadir:

—Después de todo, estamos casadas, y eso es para las buenas y malas, y eso incluye soportar tus berrinches.

Tara rió un poco. Hana siempre lograba hacerla reír.

—Es que... Hana, tengo miedo —confesó—. De verdad, no sé qué haré si el bebé se convierte en un violador. O un asesino. O un asesino violador. O... —suspiró, agotada—. Tengo miedo de que sea como.... Él.

Hana sonrió comprensiva.

—Tara, Tara... ¿Por qué piensas tanto, tonta? —le dio un leve golpe en la cabeza—. Escucha. La personalidad no es hereditaria. Ese hombre y el niño no comparten más que el ADN. La crianza del niño dará como resultado su personalidad, y te aseguro que va a tener la mejor infancia.

—Pero... Ese hombre está en la calle, Hana. ¿Y si se entera y lo reclama? ¿Y si quiere derechos? ¿Y si tengo que volver a verle...?

Hana apretó los dientes ante el recordatorio de la libertad de ese hombre.

—No lo hará, Tara. Lo vamos a registrar a nombre de las dos. Me da igual si tengo que enfrentarme a toda la policía o a medio país —puso las manos en sus hombros—. Estarás bien. Y el bebé también. Sobre mi cadáver que ese tipo se va a acercar a ti de nuevo.

Tara la abrazó con fuerza, aferrándose a su piel canela y aspirando el aroma a menta de sus oscuros cabellos.

—Hana, te quiero tanto... —sonrió entre lágrimas—. Pero... ¿Y si no le crío bien? ¿Y si sale psicópata? ¿Y si...?

—¿Y si dejas de pensar así? —Tara sintió sus cabellos siendo acariciados—. No le vas a criar bien. Le vamos a criar bien.

Tara lloró con más fuerza ante sus palabras y rompió el abrazo para mirar esos ojos verdes como esmeraldas.

Verde como la esperanza que ella le daba.

—¿Por qué eres así, Hana? —rió entre sollozos—. ¿Qué sería yo sin ti?

—La chica más guapa del planeta pero menos consentida —sonrió divertida—. Y la más cabezota también.

—Así te enamoraste de mí.

—Cómo negártelo. Cometí el fatal error de decírtelo y así estoy ahora, siendo la más feliz del mundo.

Tara rió, y sus problemas pasaron a segundo plano cuando Hana le dio un beso tan dulce que sintió derretirse en él.

—Te quiero, y a nuestro hijo también.

Esas eran las palabras que Tara necesitaba escuchar de su esposa. Sabía que no había sido fácil para ella asumir que iba a tener que criar a un bebé que no habían elegido, que parte de él sería de un indeseable, pero Hana respetó su decisión de no abortar y la apoyó.

Siempre la había apoyado.

—Bien, señorita, ahora tienes que comer un pastel de chocolate.

Hana la ayudó a levantarse, y la llevó a la mesa del comedor mientras recogía la bolsa con el pastel.

—Nate —dijo Tara de repente.

—¿Qué?

—El niño se llamará Nate.

—¿Por?

—Es una combinación de nuestros nombres. Ha-na, Ta-ra —silabeó.

Hana sonrió mientras sacaba el pastel de la bolsa.

—Nate será entonces.

Tara sonrió mientras la miraba cortando la tarta.

Nate y Hana eran todo lo que necesitaba en su vida.


Hey-o!

Cómo estáis. Yo aquí de heterosexual por la vida 0 como se nota XD. Y bueno, pues también indignada con la justicia como se puede comprobar.

Este sería el reto 23: relata los pensamientos de una embarazada con miedo de que su hijo salga violador o psicopata.

Lo hice.muy fluffy porque quiero que entre en el anual de Romance 7u7

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